Cuando el buen tiempo también decide irse de vacaciones.

domingo, 17 de febrero de 2013

La FECAO al desnudo


El ínclito Antonio Vélez, secretario ejecutivo de la Federación Canaria de Ocio y Restauración (Fecao) es un ejemplo instructivo de cómo muere el pez por la boca. Eso sí, llevándose con él a todo bicho viviente que aún guarde la esperanza de encontrar salida al problema del paro en Canarias.
Don Antonio, no vaya a ser que se sienta desnudo sin sus merecidos dones, ha matado y muerto con sus penúltimas y últimas declaraciones. Ojo, que hay dos enlaces porque al señor secretario no le bastó con declarar inmorales los cuerpos desnudos de viejos, viejas, gordos y gordas (canarios y foráneos) en su primera intervención, nacional e internacionalmente leída. Después de su entrada triunfal de elefante en la cacharrería mediática –y no contento con el ruido innecesario que logró generar– el secretario de la patronal canaria irrumpió con la batucada de su segunda declaración, la que supuestamente habría de darle el perdón, luego de haber ennegrecido buena parte de la opinión que, de las Islas Canarias, tienen quienes no las han visitado más que a través de los medios, Internet y los sueños.

Los resultados de tales intentos de cumplir con el credo y la moral que le insertaran durante su temprana y proclive educación, están al alcance de todos. Manos a la cabeza –que no a los ojos, no vaya a ser que “chicos y mujeres” de buen ver se apunten a la moda–, comentarios en el espacio virtual que van desde su condena personal a la de todo el archipiélago y burla, sobre todo, burla. 
¿De qué se burla la opinión privada –también llamada medios de comunicación– y la pública –conocida como el grueso de la ignorancia con acceso a Internet? ¿Es motivo de mofa que un personaje público del archipiélago canario ponga un crespón a la bienvenida que la naturaleza cálida acostumbra a dar a sus turistas y mantenedores? No son estas las únicas preguntas que surgen ante tamaños dos errores protagonizados por Vélez. Lógicamente, urge preguntarse si este señor entiende que su sueldo está pagado por los mismos turistas a los que ha decidido declarar motivo de inmoralidad. 
Quien conozca un poco las cifras y datos sobre el turismo que llega a Canarias, sabrá que las islas son especialmente queridas por el turista adulto que ha tenido la suerte de superar la cincuentena, incluso en una o dos décadas. Las palabras de Antonio Vélez son, pues, un insulto en toda regla dirigido específicamente al único de los recursos del archipiélago que se resiste a morir, aún cuando hace tiempo que sufre heridas difícilmente sanables. 

Como buen español, el prócer, protagonista de la última vergüenza parida por Canarias, tira la piedra y esconde la mano, tarde. Justo después de que todo el país le invitara a ser consecuente y dimitir. Para demostrar lo buen educando que fuera, allá por los años anteriores a la democracia, que la monarquía y la derecha española firmaran, en forma de Constitución, el personaje de actualidad decidió pedir disculpas en lugar de pedir que lo contraten en cualquier otro puesto sufragado por el público al que demoniza. Personalmente, se lo agradezco. A este tipo de males virulentos es mejor tenerlos localizados, así es más fácil saber por dónde llegará el próximo golpe. En lo que respecta a las consecuencias que tendrán sus declaraciones, en el haber del turismo canario, quisiera creerme que su mala redacción es suficiente para impedir al turista captar el mensaje que propaga la red y, aún menos, el que puede leerse entre líneas: una invitación al turismo internacional a que elijan otros paraísos donde la moral del medievo no se imponga a la sana intención de querer comulgar con las aguas de la mar canaria de la mejor manera posible, con la piel como único vestido.

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