Cuando el buen tiempo también decide irse de vacaciones.

lunes, 16 de julio de 2012

Reclamar los derechos... casi de rodillas


En el minuto 8:19 de este vídeo, una manifestante decide reclamar sus derechos en cuclillas. A gritos de "por favor", esta mujer busca desesperada una forma de hacer entender a la policía, de hacerle ver con sensatez.

La policía no entiende. Algunas personas que trabajan como tales, sí. Pero son pocos. La policía, como institución, no entiende, solo obedece y actúa como le entra en gana, para que las órdenes se cumplan.

Amaneció con sofocante agobio veraniego en Canarias. Unos hablan de alerta amarilla, otros de alerta naranja y otros insisten: en Canarias, buen tiempo.

Lo del vídeo ocurre en España. Ese lugar que los canarios sienten su patria, cuando gana la selección española de fútbol, y que después sienten su castigo y su hombre del saco, cuando el paro, el hambre y la miseria les amenazan.

Lo cierto –es hora de empezar a admitirlo– es que los canarios que hoy poblamos las Islas Canarias no somos aborígenes ni tenemos su coraje.

Lo más cerca a la sangre aborigen que pueda quedar en las islas es el resultado de alguna mujer de antes de la conquista, violada por algún conquistador español. Lo demás, proviene de la sangre hispana, relegada aquí al segundo puesto en todas las escalas.

Los canarios que hoy caminamos sobre la orografía de las Islas Afortunadas somos muchas cosas, pero la fortuna no nos sirve como ejemplo de ellas.

Por eso, lo del vídeo ocurre en España, mientras el chiringuito del imperio español, conocido también como Islas Canarias, se dedica a escurrir el bulto, ocupar los bancos de calles y plazas, a la hora de irse a la cama y agachar la cabeza, para que no se note la vergüenza que llevamos por cara.

Los canarios, hoy, somos parte de esa estirpe de cobardes conquistadores que entendían por valentía el masacrar la riqueza cultural de otras poblaciones y llamar a tierras extrañas, casa.

Que nos haya salido un cáncer como Soria no es extraño. Mucho le hemos dado a la costumbre de agachar la cabeza y arrastrar la dignidad. Tanto, que hemos acabado pariendo escoria, ignorantes y cobardes, parapetados tras la cara risueña del isleño que disfruta del sol y las playas.

España, esa enfermedad que se metió en los huesos en forma de conquista de este archipiélago, unos años antes de que Latinoamérica comenzara a ser arrasada, ha acabado por volvernos de cristal el coraje (si alguna vez lo tuvimos).

En Canarias no pasa nada. ¿Que no hay trabajo? A la playa. ¿Que no hay comida? A pescar, a buscar lapas o a coger tunos en las laderas. ¿Que no hay asistencia sanitaria? A llorar a la marea. ¿Que no hay salida? A colgar los esfuerzos y la vida de una soga, para que nos desaparezca sin hacer ruido.

Cuando España muera, Canarias no se dará cuenta. El canario murió hace tiempo. En su lugar estamos nosotros, una panda de cobardes que se escuda en la televisión, el fútbol, los gimnasios, los bares, las iglesias o las playas, al son de "qué suerte vivir aquí".

Y es una suerte, no lo niego, pero mala. La peor de las suertes haber nacido en las Islas Canarias cuando son solo el chiringuito de España y la playa eterna donde poner al aire las tetas o los pocos huevos que resten al español de la madre patria.

La peor de las suertes, cuando un puñado de personas se desgañita por hacer que vuelva la lucidez, mientras los canarios se pelean por los cuatro trabajos de barman y limpiadoras y sueñan con que lo que pasa arriba en España, se quede en España.

Canarias, la tierra que vive hace 60 años del turista y ni siquiera se ha molestado en aprender inglés, no es España, no es nadie para España, no es nadie sin España.

Mientras el pueblo español empieza a arrodillarse para suplicar que se respeten sus derechos, el Canario busca refugio del calor y la vergüenza, bajo cualquier ala. Lo que sea, con tal de no salir a la calle y decir basta.


Copyright de la imagen: Wikimedia Commons - Mapa Territorios España Canarias

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