Ayer era 23 de abril y en buena parte del planeta, territorio español e Islas Canarias incluidas, se celebraba, entre otras efemérides, el Día Internacional del Libro. Optar por el 23 de abril, como bien sabe quien lee, fue una forma de conmemorar una fecha, en el año 1616, donde los historiadores decidieron hacer coincidir la muerte de tres grandes plumas de la literatura universal: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega (dejo enlace en ese “decidieron hacer coincidir” para ampliar detalle respecto de una mentira romántica hecha verdad, porque no es la razón de este texto).
Trasladando tal internacionalísima celebración a la realidad grancanaria, los regidores políticos de los 21 municipios, en los que se divide el territorio insular, tuvieron la oportunidad de dar un pequeño empujón cultural a sus convecinos. Sin embargo, no todos los municipios aprovecharon de la misma forma tal preciosa ocasión.
La imagen que acompaña a este artículo, por ejemplo, pertenece a la única celebración pública que acontecía ayer en el municipio de Ingenio, concretamente en la zona del Ejido. El que lee sabe que el nombre de este pueblo nada tiene que ver con las ocho primeras acepciones que propone el diccionario de la RAE, sino con la novena: “ingenio de azúcar”. El que va más allá de la propia lectura, sin embargo, puede llegar a entender que, tal cual andan las cosas por dicho municipio, la séptima acepción tiene cada vez más sentido: “Máquina o artificio de guerra para atacar y defenderse”.
Como prueban las imágenes del vídeo que acompaña a este artículo, la corporación municipal concedió permiso para que un grupo de religiosos (lo de menos es la marca o la empresa que explotara el artículo llamado religión) aprovechara una de las zonas más concurridas del municipio para vender su producto, en el Día Internacional del Libro. El acto comenzó alrededor de las 7 de la tarde y eran las 9 de la noche cuando empezaba a llegar a su clímax. Que no se confunda el que lee: clímax como el éxtasis de Santa Teresa y no como la impropia idea de fornicación (lo de impropio porque no se la pueden apropiar, que si no, otros sería los gritos y algunas, por fin, las alegrías).
La corporación municipal, que ahora lidera la derecha política, no se molestó en realizar un solo acto público que sirviera para recordar a los vecinos del municipio que existe un artilugio, inventado hace siglos, con el que los usuarios logran aprender a pensar e incorporan material de utilidad en sus cerebros. No hubo ningún intento, por parte del Ayuntamiento de Ingenio, de hacer un acto público dirigido a fomentar la lectura, el amor por los libros o el reconocimiento a las personas que escriben o han escrito.
La cultura en Ingenio, en definitiva, ha pasado a mejor vida y lo ocurrido ayer es solo un ejemplo más del terrible deceso. Aunque quizá debiera escribir crimen, asesinato, delito de sangre, delito político.
No se confunda el que lee: aún no he llegado al párrafo donde hablo de los asesinos de la cultura municipal. Sería demasiado sencillo (y un halago inmerecido) culpar en exclusiva a la corporación actual de acto tan recriminatorio.
Lo que ocurrió ayer en Ingenio es una consecuencia absolutamente lógica, después de décadas de asesinar la cultura en el municipio de mil y una maneras. Si no se lee no se aprende a pensar, a reflexionar, a concluir, a debatir, a demandar, a comprender, a analizar, a exigir, a convivir, a compartir, a madurar, a crecer, a asumir la corresponsabilidad de ser vecinos de un pueblo, de mimarlo, quererlo, enriquecerlo y defenderlo.
Desde que tengo memoria, el municipio de Ingenio, primero en manos de la izquierda, después de centros e indefinibles y ahora de la derecha, ha sido un carro difícilmente transportable, en lo que a cultura se refiere. La cultura –en manos diestras, siniestras e indefinibles– ha padecido una muerte lenta y dolorosa. En su lugar, los vecinos del pueblo han tenido que sufrir sucedáneos de cultura –pseudo-culturetas afianzados al carnet político de turno, amantes de la teta gubernamental, insular, nacional o continental, hasta sacar de ella la bilis, a base de mamar títulos, resortes y subvenciones.
No quiera confundirse el que lee y abandone todo raciocinio decidiendo pensar que la corporación municipal actual, de derechas, es la razón de que no exista una tradición cultural en el municipio de Ingenio. En ese, como en otros tantos pueblos de Gran Canaria, la cultura ha dado paso a otros menesteres, más actuales y más actualizables.
Ayer, 23 de abril, también había fútbol. El pueblo ingeniense tenía todo lo que necesitaba: religión, balonpié y una nueva razón para meterse con el politicastro de turno.
La verdadera política no ha sabido llegar a Ingenio, luego de finalizada la dictadura franquista. Al menos, en esto sí que se equipara el municipio con el resto del territorio nacional.
*Imagen y vídeo: Adriana Volonti

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