Calima en Canarias

Cuando el buen tiempo también decide irse de vacaciones.

miércoles, 24 de abril de 2013

¡Aleluya! La muerte cultural de Ingenio ha llegado. ¡Aleluya!



Ayer era 23 de abril y en buena parte del planeta, territorio español e Islas Canarias incluidas, se celebraba, entre otras efemérides, el Día Internacional del Libro. Optar por el 23 de abril, como bien sabe quien lee, fue una forma de conmemorar una fecha, en el año 1616, donde los historiadores decidieron hacer coincidir la muerte de tres grandes plumas de la literatura universal: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega (dejo enlace en ese “decidieron hacer coincidir” para ampliar detalle respecto de una mentira romántica hecha verdad, porque no es la razón de este texto).

Trasladando tal internacionalísima celebración a la realidad grancanaria, los regidores políticos de los 21 municipios, en los que se divide el territorio insular, tuvieron la oportunidad de dar un pequeño empujón cultural a sus convecinos. Sin embargo, no todos los municipios aprovecharon de la misma forma tal preciosa ocasión.

La imagen que acompaña a este artículo, por ejemplo, pertenece a la única celebración pública que acontecía ayer en el municipio de Ingenio, concretamente en la zona del Ejido. El que lee sabe que el nombre de este pueblo nada tiene que ver con las ocho primeras acepciones que propone el diccionario de la RAE, sino con la novena: “ingenio de azúcar”. El que va más allá de la propia lectura, sin embargo, puede llegar a entender que, tal cual andan las cosas por dicho municipio, la séptima acepción tiene cada vez más sentido: “Máquina o artificio de guerra para atacar y defenderse”.

Como prueban las imágenes del vídeo que acompaña a este artículo, la corporación municipal concedió permiso para que un grupo de religiosos (lo de menos es la marca o la empresa que explotara el artículo llamado religión) aprovechara una de las zonas más concurridas del municipio para vender su producto, en el Día Internacional del Libro. El acto comenzó alrededor de las 7 de la tarde y eran las 9 de la noche cuando empezaba a llegar a su clímax. Que no se confunda el que lee: clímax como el éxtasis de Santa Teresa y no como la impropia idea de fornicación (lo de impropio porque no se la pueden apropiar, que si no, otros sería los gritos y algunas, por fin, las alegrías).



La corporación municipal, que ahora lidera la derecha política, no se molestó en realizar un solo acto público que sirviera para recordar a los vecinos del municipio que existe un artilugio, inventado hace siglos, con el que los usuarios logran aprender a pensar e incorporan material de utilidad en sus cerebros. No hubo ningún intento, por parte del Ayuntamiento de Ingenio, de hacer un acto público dirigido a fomentar la lectura, el amor por los libros o el reconocimiento a las personas que escriben o han escrito.

La cultura en Ingenio, en definitiva, ha pasado a mejor vida y lo ocurrido ayer es solo un ejemplo más del terrible deceso. Aunque quizá debiera escribir crimen, asesinato, delito de sangre, delito político.

No se confunda el que lee: aún no he llegado al párrafo donde hablo de los asesinos de la cultura municipal. Sería demasiado sencillo (y un halago inmerecido) culpar en exclusiva a la corporación actual de acto tan recriminatorio. 

Lo que ocurrió ayer en Ingenio es una consecuencia absolutamente lógica, después de décadas de asesinar la cultura en el municipio de mil y una maneras. Si no se lee no se aprende a pensar, a reflexionar, a concluir, a debatir, a demandar, a comprender, a analizar, a exigir, a convivir, a compartir, a madurar, a crecer, a asumir la corresponsabilidad de ser vecinos de un pueblo, de mimarlo, quererlo, enriquecerlo y defenderlo.

Desde que tengo memoria, el municipio de Ingenio, primero en manos de la izquierda, después de centros e indefinibles y ahora de la derecha, ha sido un carro difícilmente transportable, en lo que a cultura se refiere. La cultura –en manos diestras, siniestras e indefinibles– ha padecido una muerte lenta y dolorosa. En su lugar, los vecinos del pueblo han tenido que sufrir sucedáneos de cultura –pseudo-culturetas afianzados al carnet político de turno, amantes de la teta gubernamental, insular, nacional o continental, hasta sacar de ella la bilis, a base de mamar títulos, resortes y subvenciones.

No quiera confundirse el que lee y abandone todo raciocinio decidiendo pensar que la corporación municipal actual, de derechas, es la razón de que no exista una tradición cultural en el municipio de Ingenio. En ese, como en otros tantos pueblos de Gran Canaria, la cultura ha dado paso a otros menesteres, más actuales y más actualizables

Ayer, 23 de abril, también había fútbol. El pueblo ingeniense tenía todo lo que necesitaba: religión, balonpié y una nueva razón para meterse con el politicastro de turno. 

La verdadera política no ha sabido llegar a Ingenio, luego de finalizada la dictadura franquista. Al menos, en esto sí que se equipara el municipio con el resto del territorio nacional.


*Imagen y vídeo: Adriana Volonti
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viernes, 1 de marzo de 2013

23F Marea Ciudadana vs Carnaval de Maspalomas




Decidir entre luchar por los derechos sociales, manifestar el rechazo hacia los recortes y defender lo público, o ir al Maspalomas Planet, no fue tarea difícil para los que andaban en Gran Canaria el 23F. 

4.000 personas (3.000 según los que saben contar mejor que el pueblo llano) salieron a la calle, a las 12 del mediodía de un soleado sábado 23 de febrero, en respuesta a una convocatoria de los colectivos Stop Desahucios y Asamblea Popular. Se trataba de reunir, por vez primera desde que las calles españolas empezaran a acoger manifestaciones, a todos los colectivos y mareas ciudadanas que se habían concentrado hasta ahora por separado. 

Para ponerlo aún más fácil, el recorrido fue el más corto de todas las manifestaciones acontecidas en Las Palmas de Gran Canaria. Además, terminaba en la Alameda de Colón, donde hubo conciertos y actividades hasta las diez de la noche, con chiringuito y paella incluidos. Todo un evento que la mayoría optó por perderse.

Por separado, estas mareas lograron juntar decenas de miles de personas, en Gran Canaria. Cuando, por fin, deciden reunirse en una sola Marea Ciudadana, en convocatoria nacional, Gran Canaria se topa con una de sus bestias negras: el carnaval de Maspalomas. La convocatoria de las mareas azul, blanca, verde, negra, roja, violeta y naranja fue fulminada por una fiesta.

Más de 300.000 personas se concentraron en Maspalomas para disfrutar de la cabalgata del carnaval y del mogollón que vendría después (aquí no son necesarias dos cifras porque los encargados de contar son los que saben). Por encima de un 35% de la población registrada en la isla*, salió a la calle a cantar aquello de “carnaval, carnaval, carnaval, te quiero”.

Desde el 24 de febrero en adelante, sin embargo, los bares, las calles, las redes sociales y los tanatorios, vuelven a estar llenos de quejas y demandas hacia el Gobierno de España. Como si ningún carnaval hubiese acabado con la opción de protestar en el foro adecuado, como si ninguno de esos plañideros se hubiera sumado a los más de 300.000 paganos (y, seguramente, parados) de los que optaron por el sur calentito y olvidaron el norte soleado.

Difícil de digerir que todavía haya quien piense que los residentes en Canarias y muy especialmente, en Gran Canaria, no se merecen la situación en la que se encuentran. La fiesta y no la cesta es lo que importa al canario, lo que lo mueve, lo que lo levanta del sofá, lo aleja de la tele, lo saca a la calle y lo anima a gritar hasta desgañitarse.

El carnaval es más importante para los canarios que la situación en la que se encuentran en lo social, lo laboral, lo educativo, lo sanitario, lo medioambiental. La queja, por su parte, es segunda, en grado de importancia. De sus problemas reales que se ocupen otros, como han hecho hasta ahora. ¿Para qué cambiar, con lo bien que nos va?

*(según datos de 2011, que establecía el número de habitantes en 850.391)


Autoría y derechos del vídeo: MaspalomasNews
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domingo, 17 de febrero de 2013

La FECAO al desnudo


El ínclito Antonio Vélez, secretario ejecutivo de la Federación Canaria de Ocio y Restauración (Fecao) es un ejemplo instructivo de cómo muere el pez por la boca. Eso sí, llevándose con él a todo bicho viviente que aún guarde la esperanza de encontrar salida al problema del paro en Canarias.
Don Antonio, no vaya a ser que se sienta desnudo sin sus merecidos dones, ha matado y muerto con sus penúltimas y últimas declaraciones. Ojo, que hay dos enlaces porque al señor secretario no le bastó con declarar inmorales los cuerpos desnudos de viejos, viejas, gordos y gordas (canarios y foráneos) en su primera intervención, nacional e internacionalmente leída. Después de su entrada triunfal de elefante en la cacharrería mediática –y no contento con el ruido innecesario que logró generar– el secretario de la patronal canaria irrumpió con la batucada de su segunda declaración, la que supuestamente habría de darle el perdón, luego de haber ennegrecido buena parte de la opinión que, de las Islas Canarias, tienen quienes no las han visitado más que a través de los medios, Internet y los sueños.

Los resultados de tales intentos de cumplir con el credo y la moral que le insertaran durante su temprana y proclive educación, están al alcance de todos. Manos a la cabeza –que no a los ojos, no vaya a ser que “chicos y mujeres” de buen ver se apunten a la moda–, comentarios en el espacio virtual que van desde su condena personal a la de todo el archipiélago y burla, sobre todo, burla. 
¿De qué se burla la opinión privada –también llamada medios de comunicación– y la pública –conocida como el grueso de la ignorancia con acceso a Internet? ¿Es motivo de mofa que un personaje público del archipiélago canario ponga un crespón a la bienvenida que la naturaleza cálida acostumbra a dar a sus turistas y mantenedores? No son estas las únicas preguntas que surgen ante tamaños dos errores protagonizados por Vélez. Lógicamente, urge preguntarse si este señor entiende que su sueldo está pagado por los mismos turistas a los que ha decidido declarar motivo de inmoralidad. 
Quien conozca un poco las cifras y datos sobre el turismo que llega a Canarias, sabrá que las islas son especialmente queridas por el turista adulto que ha tenido la suerte de superar la cincuentena, incluso en una o dos décadas. Las palabras de Antonio Vélez son, pues, un insulto en toda regla dirigido específicamente al único de los recursos del archipiélago que se resiste a morir, aún cuando hace tiempo que sufre heridas difícilmente sanables. 

Como buen español, el prócer, protagonista de la última vergüenza parida por Canarias, tira la piedra y esconde la mano, tarde. Justo después de que todo el país le invitara a ser consecuente y dimitir. Para demostrar lo buen educando que fuera, allá por los años anteriores a la democracia, que la monarquía y la derecha española firmaran, en forma de Constitución, el personaje de actualidad decidió pedir disculpas en lugar de pedir que lo contraten en cualquier otro puesto sufragado por el público al que demoniza. Personalmente, se lo agradezco. A este tipo de males virulentos es mejor tenerlos localizados, así es más fácil saber por dónde llegará el próximo golpe. En lo que respecta a las consecuencias que tendrán sus declaraciones, en el haber del turismo canario, quisiera creerme que su mala redacción es suficiente para impedir al turista captar el mensaje que propaga la red y, aún menos, el que puede leerse entre líneas: una invitación al turismo internacional a que elijan otros paraísos donde la moral del medievo no se imponga a la sana intención de querer comulgar con las aguas de la mar canaria de la mejor manera posible, con la piel como único vestido.

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lunes, 16 de julio de 2012

Reclamar los derechos... casi de rodillas


En el minuto 8:19 de este vídeo, una manifestante decide reclamar sus derechos en cuclillas. A gritos de "por favor", esta mujer busca desesperada una forma de hacer entender a la policía, de hacerle ver con sensatez.

La policía no entiende. Algunas personas que trabajan como tales, sí. Pero son pocos. La policía, como institución, no entiende, solo obedece y actúa como le entra en gana, para que las órdenes se cumplan.

Amaneció con sofocante agobio veraniego en Canarias. Unos hablan de alerta amarilla, otros de alerta naranja y otros insisten: en Canarias, buen tiempo.

Lo del vídeo ocurre en España. Ese lugar que los canarios sienten su patria, cuando gana la selección española de fútbol, y que después sienten su castigo y su hombre del saco, cuando el paro, el hambre y la miseria les amenazan.

Lo cierto –es hora de empezar a admitirlo– es que los canarios que hoy poblamos las Islas Canarias no somos aborígenes ni tenemos su coraje.

Lo más cerca a la sangre aborigen que pueda quedar en las islas es el resultado de alguna mujer de antes de la conquista, violada por algún conquistador español. Lo demás, proviene de la sangre hispana, relegada aquí al segundo puesto en todas las escalas.

Los canarios que hoy caminamos sobre la orografía de las Islas Afortunadas somos muchas cosas, pero la fortuna no nos sirve como ejemplo de ellas.

Por eso, lo del vídeo ocurre en España, mientras el chiringuito del imperio español, conocido también como Islas Canarias, se dedica a escurrir el bulto, ocupar los bancos de calles y plazas, a la hora de irse a la cama y agachar la cabeza, para que no se note la vergüenza que llevamos por cara.

Los canarios, hoy, somos parte de esa estirpe de cobardes conquistadores que entendían por valentía el masacrar la riqueza cultural de otras poblaciones y llamar a tierras extrañas, casa.

Que nos haya salido un cáncer como Soria no es extraño. Mucho le hemos dado a la costumbre de agachar la cabeza y arrastrar la dignidad. Tanto, que hemos acabado pariendo escoria, ignorantes y cobardes, parapetados tras la cara risueña del isleño que disfruta del sol y las playas.

España, esa enfermedad que se metió en los huesos en forma de conquista de este archipiélago, unos años antes de que Latinoamérica comenzara a ser arrasada, ha acabado por volvernos de cristal el coraje (si alguna vez lo tuvimos).

En Canarias no pasa nada. ¿Que no hay trabajo? A la playa. ¿Que no hay comida? A pescar, a buscar lapas o a coger tunos en las laderas. ¿Que no hay asistencia sanitaria? A llorar a la marea. ¿Que no hay salida? A colgar los esfuerzos y la vida de una soga, para que nos desaparezca sin hacer ruido.

Cuando España muera, Canarias no se dará cuenta. El canario murió hace tiempo. En su lugar estamos nosotros, una panda de cobardes que se escuda en la televisión, el fútbol, los gimnasios, los bares, las iglesias o las playas, al son de "qué suerte vivir aquí".

Y es una suerte, no lo niego, pero mala. La peor de las suertes haber nacido en las Islas Canarias cuando son solo el chiringuito de España y la playa eterna donde poner al aire las tetas o los pocos huevos que resten al español de la madre patria.

La peor de las suertes, cuando un puñado de personas se desgañita por hacer que vuelva la lucidez, mientras los canarios se pelean por los cuatro trabajos de barman y limpiadoras y sueñan con que lo que pasa arriba en España, se quede en España.

Canarias, la tierra que vive hace 60 años del turista y ni siquiera se ha molestado en aprender inglés, no es España, no es nadie para España, no es nadie sin España.

Mientras el pueblo español empieza a arrodillarse para suplicar que se respeten sus derechos, el Canario busca refugio del calor y la vergüenza, bajo cualquier ala. Lo que sea, con tal de no salir a la calle y decir basta.


Copyright de la imagen: Wikimedia Commons - Mapa Territorios España Canarias
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jueves, 5 de julio de 2012

Al enemigo ni Cospedal


La imagen que añado proviene de unos carteles que los empleados del Hospital La Mancha-Centro decidieron colgar dentro del recinto después que se extendiera el rumor sobre la posibilidad de quitar el agua mineral de las dietas de los hospitalizados.

Les faltó tiempo a los que mandan por el hospital para negar que la resolución de la presidenta de la comunidad, María Dolores de Cospedal, de recortar gastos en sanidad suprimiendo el agua, fuera a ponerse en marcha en el centro hospitalario.

Hasta ahí, todo tan triste como de costumbre por el imperio donde hace rato que sí se pone el sol.

Dándome una vuelta por el Facebook encontré la imagen por todas partes, repleta de comentarios de todos los tipos.

Resulta que ya ocurre hace meses en hospitales como el de Albacete o el de Ciudad Real. Pero todavía no había aparecido ningún empleado con el suficiente cabreo como para colgar el cartel de la imagen.

Los revolucionarios del Facebook se tiraban de los pelos virtuales, entre ellos mismos. Ni siquiera cuando el agua es negada, se consigue que todo un pueblo se una para recordar que tiene sed.

Para algunos, beber agua del grifo es una solución perfecta. Así, colaboramos en eso de apretarnos el cinturón. No son pocas las personas que insisten en que el agua del grifo es tan buena como cualquier otra, así que tampoco es para ponerse como alguno se ha puesto.

Si en los hospitales canarios deciden cambiar el agua mineral embotellada por agua del grifo, los canarios lo tenemos claro. Ingreso hospitalario significará añadir a la factura la compra de agua mineral.

Los que no tengan la suerte de vivir aquí, con tan buen tiempo como hace, no han necesitado aprender que el agua del grifo de los canarios procede de las potabilizadoras. Ese maravilloso invento que recupera aguas residuales y las potabiliza o se dedica a potabilizar el agua del mar.

Beber agua del grifo en Canarias no solo no quita la sed sino que puede resultar en multitud de problemas de salud. 

El canario que se quiere (que los hay) no utiliza el agua del grifo ni siquiera para hacer cubitos de hielo o preparar un café.

Pero de estas cosas no saben ni Cospedal (a la que su colega Soria no le habrá dado tiempo de informar, con tanto problema platanero) ni los revolucionarios del Facebook que viven allá arriba, en su madrepatria querida.

Y los canarios, ¿qué dicen? Supongo –porque sigo sin escuchar a nadie– que dirán aquello de, en Canarias, buen tiempo. 



Copyright de la imagen: Grupo en Facebook "Rajoy dimisión"


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lunes, 2 de julio de 2012

Demasiado "quitar hierro a la cosa"


Quien haya tenido la suerte de jugar en un árbol o disfrutar de una tarde bajo su sombra entenderá lo terrible que puede ser un incendio.
Valencia aún arde hoy y ardía ayer. El resto de España también ardía ayer. Canarias era fuego. Pero ni ese resto de España ni Canarias parecía estar ardiendo en los mismos términos que Valencia.

El Hierro también sigue echando fuego, a su ritmo y con su particular estilo. Tal es la fuerza que desde el 24 de junio hasta el 2 de julio, la isla de El Hierro se ha deformado de 6 a 7,5 centímetros. 

El mapa de las Islas Canarias ha cambiado.

Nadie se preocupará de borrar de los mapas los árboles arrasados por el fuego en Valencia. Nadie dibujará sobre ellos las futuras construcciones de hormigón y cemento que los sustituirán. 

Tampoco habrá nadie interesado en dibujar el nuevo perfil de la isla de El Hierro. Un cambio que en una semana ha variado la historia geológica de miles de millones de años.

Lo que ha pasado en El Hierro es digno de formar parte de la historia de la humanidad. Pero El Hierro es historia de la otra, de la que se olvida o se obvia o se insiste en eliminar del mapa. Como historia son los árboles valencianos.

Como historia son los puestos de trabajo, la suerte de la educación de calidad, el cobijo de una vivienda, la garantía de la salud.

Hoy ha amanecido un día espléndido en las islas. En Canarias, buen tiempo

En días como estos desearía que tuviéramos el tiempo de Suiza o Finlandia o Groenlandia. Eso nos dejaría un carácter bien distinto y es posible que así sí fuéramos capaces de entender que la historia que pretendemos escribir está salpicada de errores de contenido.

Donde debiera decir “quiero trabajo” escribimos “gol”. Donde debiera decir “quiero justicia” escribimos “la roja”. Donde “paren el incendio” escribimos “oeoeoe”. Y donde “basta de evadirse de la realidad”, “yo soy español”.

Entre gol y gol, ayer domingo subían las facturas del agua y la luz. Qué mejor metáfora para un lunes negro. Entre “oé” y “oé” la seguridad social gratuita y universal se volvió menos segura, menos social, menos gratuita y menos universal.

Mientras más del 80% de España gritaba de júbilo irracional, otro hecho histórico acontecía desapercibidamente: Canarias se empeñaba por sentirse española en el mismo día en que España acaba pareciéndose más a Canarias que nunca.

El parecido es innegable: ya todo el país es tercermundista.



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