Quien haya tenido la suerte de jugar en un árbol o disfrutar de una tarde bajo su sombra entenderá lo terrible que puede ser un incendio.
Valencia aún arde hoy y ardía ayer. El resto de España también ardía ayer. Canarias era fuego. Pero ni ese resto de España ni Canarias parecía estar ardiendo en los mismos términos que Valencia.
El Hierro también sigue echando fuego, a su ritmo y con su particular estilo. Tal es la fuerza que desde el 24 de junio hasta el 2 de julio, la isla de El Hierro se ha deformado de 6 a 7,5 centímetros.
El mapa de las Islas Canarias ha cambiado.
Nadie se preocupará de borrar de los mapas los árboles arrasados por el fuego en Valencia. Nadie dibujará sobre ellos las futuras construcciones de hormigón y cemento que los sustituirán.
Tampoco habrá nadie interesado en dibujar el nuevo perfil de la isla de El Hierro. Un cambio que en una semana ha variado la historia geológica de miles de millones de años.
Lo que ha pasado en El Hierro es digno de formar parte de la historia de la humanidad. Pero El Hierro es historia de la otra, de la que se olvida o se obvia o se insiste en eliminar del mapa. Como historia son los árboles valencianos.
Como historia son los puestos de trabajo, la suerte de la educación de calidad, el cobijo de una vivienda, la garantía de la salud.
Hoy ha amanecido un día espléndido en las islas. En Canarias, buen tiempo.
En días como estos desearía que tuviéramos el tiempo de Suiza o Finlandia o Groenlandia. Eso nos dejaría un carácter bien distinto y es posible que así sí fuéramos capaces de entender que la historia que pretendemos escribir está salpicada de errores de contenido.
Donde debiera decir “quiero trabajo” escribimos “gol”. Donde debiera decir “quiero justicia” escribimos “la roja”. Donde “paren el incendio” escribimos “oeoeoe”. Y donde “basta de evadirse de la realidad”, “yo soy español”.
Entre gol y gol, ayer domingo subían las facturas del agua y la luz. Qué mejor metáfora para un lunes negro. Entre “oé” y “oé” la seguridad social gratuita y universal se volvió menos segura, menos social, menos gratuita y menos universal.
Mientras más del 80% de España gritaba de júbilo irracional, otro hecho histórico acontecía desapercibidamente: Canarias se empeñaba por sentirse española en el mismo día en que España acaba pareciéndose más a Canarias que nunca.
El parecido es innegable: ya todo el país es tercermundista.
Copyright de la imagen: Wikimedia Commons - Collage de El Hierro

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